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24 de noviembre de 2017
La noche era oscura
Freire Toledano, René
( 29-01-2010, 11:34 )

 

Sello ruso de Democritus

 

Sobre la aparición de Demócrito en la rotonda del Pavo Real, y sus "tres reglas del ajedrecista atomista":

1.       No hay pasado

2.       No hay futuro

3.       Tú eres las piezas de tu rival


Extraños acontecimientos ocurrieron las pasadas navidades y es de justicia que los ajedrecistas de Ex-alcohólicos estén al corriente.

Vaca xogando ao xadrezDiluviaba aquella noche, y Mondelo y yo volvíamos de uno de nuestras sesudas sesiones de estudio de finales. Nos dirigíamos hacia los rosales en busca de mesón abierto cuando una atronadora voz silenció el tremendo chubasco, una atronadora voz desde lo alto de los cielos, que se identificó como Demócrito de Abdera.

"¿Demócrito de Abdera, qué está ocurriendo?" pensé mientras paraba el “buga” en medio de la carretera vacía, y ponía las luces de emergencia.

Verdaderamente, me quedé estupefacto, pero no así Mondelo, que de inmediato comenzó a hablarle a Demócrito, explicándole someramente los conceptos de "protón", "neutrón" y "electrón", asuntos que resultaron de su máximo interés y no fue hasta algo después que Demócrito comenzó un discurso que cambiaría nuestras enfermas mentes para siempre, discurso en el que fueron asunto central "las tres leyes del ajedrecista atomista":

1.       No hay pasado --- cualquier reflexión sobre tus resultados pretéritos o tu opinión sobre el rival menoscaban tus posibilidades.

2.       No hay futuro --- cualquier reflexión sobre el resultado de la partida durante la propia partida impide que flotes en el absoluto vacío atómico que te llevará a la victoria.

3.       Tú eres las piezas de tu rival --- los movimientos de tu rival son el 50% de la partida, así que debes dedicarle la mitad de tu tiempo, y nunca menos, a pensar en las piezas contrarias. Así se combate el egocentrismo propio de todo ajedrecista.

Lo cierto es que la revelación de estas reglas me dejó sumido en la absoluta inopia, y cuando volví a la realidad Demócrito ya había desaparecido de los cielos, y sólo se escuchaba el chaparrón tremendo y el ruido de las luces de emergencia. Luego ocurrió que subimos el volumen de la radio y reanudamos la búsqueda de vinos y comidas y ¡vive dios que los encontramos!

 



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